Se llama Juan y se dedica a instalar lavamanos. Bueno, por supuesto que hace mucho más que eso, es técnico en plomería. No, no tiene su propio videojuego, y no, su vida no es tan glamorosa como la del famoso gordo italiano. Nunca jamás ha salvado a una princesa ni conoce tortugas sobrecrecidas que escupen fuego. No, Juan solo se dedica a instalar, arreglar, y mantener lavamanos. Y bañeras, y duchas e inodoros.
Hace ya varios años Juan fue llamado para una instalación completa de baño en un barrio muy lejano de donde vivía y en una zona que por lo verde de sus pastos y lo grande de sus casas se podía adivinar muy adinerada. Juan fue y aguanto cabizbajo los insultos del señor, los chillidos de la doña y los llantos infundados de los niños. Una niña en particular le llamo la atención, parecía triste y algo abúlica. Lo que más resaltaba era lo amarillo de su piel, que de extraña manera (o tal vez solo por como le golpeaba la luz) se veía como patito reluciente. Contraste brusco sobre la blanca porcelana del lavamanos sobre el que apoya su cuerpo. Tímidamente Juan le pide que salga mientras él y su compañero continúan su trabajo. La joven no dice nada, ni parece mutarse en lo más mínimo. Está sola, piensa Juan. ¿Qué puede tener una chica de su edad que se queda mirando plomeros a las tres de la tarde? Quisiera llamarla y mostrarle lo que hacemos, hacerle conversa, entretenerla un rato. Bah, no importa, ya está lejos y además yo no vine acá a salvar princesas.
RIC...y finally took some time to read a few of your stories. Just wanted to say some of them (including this one) put a smile on my face :) dont really know why si te digo la verdad just a genuine "giddy" feeling ;) i will definitely stop by el arbol absurdo more often!
ResponderEliminarnav