Una noche, con los ojos ardiendo y preguntándose "¿por qué mi lengua sabe a damasco?", se sienta frente a su vieja máquina de escribir y golpea aburrido las teclas. Detrás suyo una ventana que nunca mira. Frente a él una pared blanca que nunca adorna. Sobre él - nada. La ciudad entera es abrazada por llamas azules. Pequeños arqueros están parados en el techo de cada edificio que sigue en pie y disparan sus flechas con punta de durazno hacia donde pueden, como pueden. “¿Por qué duraznos? ¿Cuál es la diferencia entre el durazno y el damasco? ¿Es por eso que tengo sabor a damasco en la lengua?” Sentado frente a su decadente máquina de escribir cuenta una vieja historia de amor: chico conoce a chica en Dinamarca. Por la mañana se conocen, por la tarde se enamoran, y por la noche se suicidan gritando estupideces en su acento británico de pacotilla. En su espalda se clava un durazno mortal, su cuerpo arde en llamas y aún entre sollozos no se lamenta que su última historia sea un vil plagio. ¿Acaso pudo alguna vez escribir algo que no lo fuera? Al menos en este incluyó frutas.
martes, 4 de agosto de 2009
Durazno al Anochecer
Una noche, con los ojos ardiendo y preguntándose "¿por qué mi lengua sabe a damasco?", se sienta frente a su vieja máquina de escribir y golpea aburrido las teclas. Detrás suyo una ventana que nunca mira. Frente a él una pared blanca que nunca adorna. Sobre él - nada. La ciudad entera es abrazada por llamas azules. Pequeños arqueros están parados en el techo de cada edificio que sigue en pie y disparan sus flechas con punta de durazno hacia donde pueden, como pueden. “¿Por qué duraznos? ¿Cuál es la diferencia entre el durazno y el damasco? ¿Es por eso que tengo sabor a damasco en la lengua?” Sentado frente a su decadente máquina de escribir cuenta una vieja historia de amor: chico conoce a chica en Dinamarca. Por la mañana se conocen, por la tarde se enamoran, y por la noche se suicidan gritando estupideces en su acento británico de pacotilla. En su espalda se clava un durazno mortal, su cuerpo arde en llamas y aún entre sollozos no se lamenta que su última historia sea un vil plagio. ¿Acaso pudo alguna vez escribir algo que no lo fuera? Al menos en este incluyó frutas.
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La foto me encanta!
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